Hangar 7: La “base secreta” de Red Bull


Hangar 7 ha sido hasta hace bien poco un lugar totalmente desconocido para el gran público pero que desde 2003 es el centro neurálgico de la escudería Red Bull y uno de los “caprichos” más sonados del excéntrico multimillonario austríaco Dietrich Mateschitz.

Aunque francamente conocido en la zona, es evidente que el triunfo de Sebastian Vettel ha abierto las puertas de Hangar 7 al gran público, especialmente desde que fue visitado  recientemente por el piloto alemán, con motivo de la obtención de su brillante campeonato.

Situado en el aeropuerto de Salzburgo, alberga desde un restaurante de lujo (Ikarus) hasta todo un museo de la aviación, pasando por un centro de arte vanguardista de promoción de jóvenes artistas y una sala para conciertos. Por ese motivo, Hangar 7 lleva ya varios años a la vanguardia en lo que a centros de ocio y arte se refiere.

Como su nombre indica, es un hangar gigante, con unas formas marcadamente futuristas. Tiene forma de ala de avión, mide 100 metros de largo y 67 metros de ancho y está compuesto por 1.200 toneladas de acero y 380 toneladas de cristales.

Entre las joyas expuestas se encuentra un enorme avión DC-6B de los años 50 y acaba de añadir el Red Bull RB6 con el que su pupilo Sebastian Vettel acaba de proclamarse campeón de Fórmula 1.

Además, tiene un estudio desde el que Dietrich Mateschitz ha montado su propio canal de TV, Servus TV, desde el que semanalmente emite un debate sobre deporte y que el propio Vettel visitó recientemente para un programa especial.

El “milagro” de Red Bull

Hablar de Red Bull es hablar de deporte del motor, en prácticamente todas sus vertientes, especialmente en lo que a espectáculo puro y duro se refiere. No hay más que ver los shows que montan no sólo sobre cuatro ruedas, sino en mundos tan dispares como el motocross, la aviación acrobática deportiva o los rallyes.

Se estima, de hecho, que Red Bull invierte al año no menos de 600 millones de euros en patrocinio de deportistas y cobertura de eventos deportivos, incluyendo su programa de formación para jóvenes pilotos del que han salido gente como Jaime Alguersuari o Carlos Sáinz Jr., entre otros pilotos.

Por ello muchos nos planteamos cómo una multinacional que se dedica en exclusiva a producir bebida energética puede disponer de semejante capital para ponerlo a disposición del deporte del motor. O dicho de otra forma más castiza: de dónde saca “p’a” tanto como destaca, como dice la canción.

Pues bien, el secreto de su éxito radica eminentemente en unas cifras de ventas que sencillamente dan vértigo sólo de leerlas. Se calcula que Red Bull vende al año unos 4.000 millones de latas en, al menos, 150 países del mundo y su facturación ronda la nada despreciable cifra de 3.200 millones de euros, de los cuales al menos un tercio se destina al márketing, para lo que se han convertido en unos auténticos genios.

El último gran capricho de Mateschitz pasa por potenciar su canal de TV y por ello aspira a hacerse con los derechos de retransmisión para el próximo año 2011 de nada menos que de la Fórmula 1 y de la Copa del Mundo de Esquí.

Podría decirse, pues, que Red Bull es al mundo del Motor lo que Google es a Internet y su dueño, aparte de ser todo un mecenas, es un auténtico visionario cuyo enorme mérito de hacer un equipo de Fórmula 1 y hacerlo campeón del mundo en apenas cuatro años de vida ya es un hito difícilmente repetible.

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