Si en Estambul eran los Ferrari los que estaban de cumpleaños, celebrando nada menos que 800 Grandes Premios en Fórmula 1, esta vez le toca cantar el “cumpleaños feliz” a todo un histórico que, aunque en horas bajas, va alcanzar en Valencia la importante cifra de 500 carreras en la categoría reina del Automovilismo.
Fundada en 1952 por el mítico ingeniero británico Colin Chapman, comenzó a correr en Fórmula 1 el año 1958 hasta su desaparición como escudería el año 1994, dejando tras de sí una estela de éxitos que comenzaban el año 1963 cuando Jim Clark ganaba el primer título mundial de Fórmula 1 para Lotus, título que volvería a repetir dos años más tarde. El año 1968 era Graham Hill (el padre del también campeón del mundo, Damon Hill) quien se alzaba con el entorchado, logrando el tercer título mundial en apenas cinco años para la marca británica.
Lotus, que al igual que dominaba en la Fórmula 1 lo hacía también en otras categorías como la Fórmula Indy -ganando en 1965 las míticas 500 Millas de Indianápolis- o la Fórmula 2, sufrió un mazazo importante en 1968 con la trágica muerte de su estrella Jim Clark en el transcurso de una carrera de Fórmula 2 en el circuito alemán de Hockenheim.
Se iniciaba así una maldición que ha acompañado a la marca británica prácticamente hasta su desaparición en 1994 en tanto en cuanto muchos de los pilotos de Fórmula 1 que han fallecido en carrera, lo hicieron a bordo precisamente de un Lotus o habían pilotado para ellos.
Y es que la muerte volvió a sacudir al equipo Lotus, en este caso el año 1970 cuando el alemán Jochen Rindt fallecía en un terrible accidente durante los entrenamientos del GP de Italia el 5 de septiembre. Rindt, que estaba cumpliendo una temporada espléndida a bordo de su Lotus 72 Ford, con cinco victorias, tres “poles” y una vuelta rápida, se proclamó finalmente campeón del mundo aunque a título póstumo, algo que nunca más ha ocurrido hasta ahora.
Inasequibles al desaliento y reponiéndose de nuevo ante la tragedia, la marca británica volvía a triunfar en el Mundial de 1972 de la mano del brasileño Emerson Fittipaldi, que llevó a cabo una campaña excelente, con cinco victorias y tres poles, consiguiendo igualmente el campeonato de Constructores de aquel año.
Aunque no volvió a ganar ningún título de pilotos, sin embargo, Lotus se impuso en el Campeonato Mundial de Constructores de 1973. Desde ese año Lotus entró en un pequeño bache de varios años sin ganar títulos hasta 1978, un año difícil de olvidar para la marca británica por todo lo que en él aconteció. Se conseguía un un nuevo doblete, al imponerse tanto en el Campeonato Mundial de constructores como en el de pilotos, merced al título obtenido por el estadounidense Mario Andretti.
Sin embargo, una vez más la tragedia volvía a cernirse sobre Lotus cuando un fatídico 11 de septiembre, de nuevo en Italia, durante la disputa del GP de Monza ocurrió algo terrible. En esa carrera el sueco Ronnie Peterson, compañero aquel año de Andretti y que acababa de retornar esa misma temporada a Lotus tras un periplo poco exitoso en Tyrrell, colisionaba en la salida con varios pilotos en una “montonera” terrible al llegar en masa a la primera curva.
La fatalidad se cebó con el sueco en tanto que su Lotus 78, tras impactar contra el muro, se prendió en llamas, sufriendo graves quemaduras y numerosas fracturas en las piernas como consecuencia del impacto. La noche del accidente era operado en el hospital para reducir dichas fracturas y, aunque a priori su vida ya no corría peligro, sorprendentemente fallecía horas después a causa de una embolia sobrevenida precisamente tras aquella intervención.
Peterson tenía todos los mimbres para ser campeón del mundo y era el hombre llamado a suceder a Andretti en los más alto en un futuro inmediato. De hecho, esa misma temporada había logrado ganar dos Grandes Premios y Colin Chapman tenía en él todas sus esperanzas, por lo que su desaparición fue un verdadero golpe para Lotus, que pese al título logrado aquel año, comenzó un lento pero inexorable declive, agravado aún más en 1982 con la muerte de su fundador Colin Chapman.
Durante los años 80 los resultados dejaron de acompañar en conjunto, si bien logró un puñado de triunfos aislados en distintos Grandes Premios, especialmente en 1985, donde logró vencer en tres Grandes Premios con Elio De Angelis y Ayrton Senna y logró acabar en tercer lugar en el Mundial de Constructores.
Desde entonces, nunca más volvieron a estar arriba y además, los dos pilotos citados continuaron con la leyenda negra de Lotus, al encontrar la muerte en sendos accidentes aunque ya en otras escuderías. Así, Elio De Angelis moría en Paul Ricard en 1986 y Ayrton Senna encontraba la muerte en Imola durante la disputa de aquel infausto GP de San Marino de 1994.
Acuciado por las deudas, Lotus era vendida en 1986 a General Motors y, tras una serie de años en los que los resultados fueron de mal en peor, desaparecía en 1994 dejando tras de sí un importantísimo bagaje de 79 victorias en Grandes Premios, 102 “poles”, siete títulos mundiales de constructores y seis de pilotos.
Este año 2010 Lotus ha vuelto a la alta competición bajo el mismo nombre y colores (los míticos verde y amarillo de los años 60) aunque con una estructura bien distinta.
Así pues, la nueva Lotus F1 Team poco o nada tiene que ver con aquella Lotus de Chapman. Se trata de un proyecto que parte de la iniciativa “Malaysia”, perteneciente a una asociación entre el Gobierno de Malasia y un consorcio de empresarios de Malasia; Proton (la actual dueña de Lotus Cars), el Circuito Internacional de Sepang (SIC), Air Asia, Naza Motors, la Asociación de Deportes de Motor de Malasia y la Asociación de Automóviles de Malasia.
Actualmente compite con dos pilotos como son el veterano Jarno Trulli y el finlandés Heikki Kovalainen y sus aspiraciones son francamente más modestas que los de su predecesora, especialmente si los comparamos con los resultados obtenidos en aquellos años años 60 y 70 y su única aspiración es terminar de la forma más digna las carreras.
En todo caso y aunque sea como homenaje a aquellos años de gloria, le deseamos desde aquí una larga vida a Lotus y que siga cumpliendo muchos Grandes Premios más. No obstante, algunos que tenemos ya una cierta edad y llevamos unos cuantos años de Fórmula 1 a nuestras espaldas, seguiremos recordando aquellos inolvidables coches decorados con los colores negro y dorado de John Player Special, a mi modo de ver, los más vistosos que jamás se han visto.










